Tiempo



Ahora, el concepto tiempo adquiere su entidad, es así porque algo termina de ser lo que fuera, y por la transformación producida en el cambio, aparece un inicio en todo lo que se genere desde ello. Aunque estamos acostumbrados a creer que el tiempo es la duración en la que uno, “es, lo que es", obviamos que ese, "ser, lo que se es", es una sucesión de cambios, pues lo obviado es que "lo que sea", dejó de ser (algo), y torna en otras cosas distintas, que también tienden a no ser, pues por el concepto de binomio de pulsión, todo es finito y tiende al cambio, el primer término es el binomio de la finitud, y el segundo monomio es el de la irresistible tendencia al cambio.
Ésta es la definición y característica del tiempo, y su detonante, es que debe producirse un cambio para que aparezca.
En el caso de las partículas elementales, su tiempo se inició con el cambio que las produjo en el inicio, es decir, tras aquella primera desestabilización que desembocó en "explosión". Digamos que lo que sucedió es que lo que fuera que originó el suceso, hizo que ese algo inicial, pasara de (ser a no ser), y tras el suceso, no volvió a ser lo que era, sino que generó proyecciones de materia y no materia, por lo que dejó de ser tal como era, y en ese transcurso de (ser a no ser) transcurre una unidad, lo que es en realidad, toda su temporalidad.
Ahora bien, si algo se encuentra en esa tesitura en la que podría pasar de (ser a no ser) pero vuelve a ser lo mismo, entonces, es porque se desacompasan el instante y la potencialidad en cada movimiento, que al no producirse en el mismo instante, sucede que o hay instante o hay potencialidad, pero de uno pasa a otro armónicamente, pues algo sucede que desfasa los dos aspectos, y es por ello que produce permanencia.
Dicha permanencia armónica es lo que denominamos equilibrio, pues ambos aspectos actúan contrarrestándo sus efectos, haciendo que permanezca estable el objeto que cumple con esta peculiaridad. ahora bien, el motivo que desacompasa ambos aspectos es precisamente su pulsión, ya que de lo contrario, generaría un cambio, que bien podría ser otro INICIO.
 La pulsión de las partículas marca su tiempo o permanencia, pues mientras tengan su pulsión particular seguirán existiendo.
Como ejemplo en la vida cotidiana podemos encontrar el momento de la concepción, en él han de darse unas característica muy concretas (pero dentro de cierta tolerancia) sin las cuales se produce, pero hay muchos ejemplos en la vida real que avalan esta idea, pues, casi todo está dotado de (ser y no ser) y en cuanto se desacompasa entonces se produce un cambio, por ejemplo el corazón animal, sin esa  armonía en su funcionamiento, no
Ahora bien, dicha potencialidad se manifiesta mediante su capacidad energética de ser, que emana como un campo de "fuerza" desde su materialidad, y es desde ese suceso desde el que se repercutirán las unas con otras.
También sucede que todo está en movimiento y están implícitos tres movimientos, el primero es la expulsión desde su origen, el implícito al movimiento por el cambio inicial, el segundo es el de las repercusiones entre las partículas elementales, y el tercero es el de sí mismo, es decir, el de los propios elementos de los que está compuesto, (átomos, electrones, etcétera.)
Para que cada elemento material permanezca, ha de verse en relación a sus desafiantes equilibrios entre todas las interacciones que lo alcancen, dando como resultado un mundo material tendente al mismo.
Así que lo que llamamos objeto, es una combinación estable de mayor o menor cantidad de materia. La materia está conformada por estructuras estables llamadas átomos, sólos o anidados. Los átomos son unidades mínimas de materia concreta compuesta por un núcleo y electrones que orbitan alrededor de él, a su vez ese núcleo está formado por otras partículas menores unidas nuclearmente, etcétera … y todo ello está nadando en esa nada que lo envuelve todo.
Aparentemente, desde la percepción de un observador, el objeto puede estar en quietud, pero en su interior el movimiento no cesa, pues los electrones giran en órbitas a su centro nuclear, en un movimiento continuo que le hace ser. Nos fijamos en una convención universal, y es la de que el átomo es la cantidad mínima de materia que podemos denominar como objeto.
La existencia ya tiene sentido, gracias a esas transformaciones inevitables de geo-posición estables de los electrones sin las que nada puede existir, y no hay mayor necesidad que la de cumplir con ello, pues de lo contrario se produce un cambio, así es que el tiempo puede medirse en cuanto a que se dan estos cambios.
Entonces, el INICIO, en ese instante en el que cada partícula comienza a buscar su equilibrio, genera el tiempo, y continuará mientras se cumpla su premisa de equilibrio, éste actuará como si fuera un constante pasar de "no ser" a "si ser".  Esta pauta hay que entenderla como su tiempo vital, es decir, es un movimiento que mientras se produzca le permitirá ser. Qué duda cabe que éste equilibrio es su verdadera pulsión vital, como si se tratase de una constante de conservación de movimiento de cada partícula (o cosa creada).
Sucede en la realidad cotidiana, que cada desestabilización de un elemento produce cambio, éste genera algo nuevo y también lleva implícita esta dinámica. La razón fundamental de la existencia, que es su pulsión, es el propio existir, tal y como ocurría antes del INICIO, pero en el universo ya nada es una gran potencialidad que permanece infinitamente sin principio ni fin, y es pues, necesario que se den sus premisas para que, con su dinámica, pueda mantener la existencia.

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