Sobre-evolución



De entre las evoluciones de los seres pluricelulares, alguna combinación adquirió la capacidad de nutrirse de otros seres, bien sean pluricelulares como unicelulares, de manera que su dependencia al suelo no fuera completamente necesaria para vivir. Quizá, poco a poco, tras millones de adaptaciones, apareció la primera combinación estable de un ser, con una adaptación especial, había adquirido la capacidad de movimiento sobre el suelo, y gracias a ello podía desplazarse sobre él para resarcir sus necesidades básicas, es decir; relación, mantenimiento vital y reproducción.
Como es natural, no hay que pensar en un sólo ser, sino en la evolución adaptativa que llevan acumulada en sus genes todos los seres, y arroja un resultado adaptativo, tal y como hoy en día sucede.
Partíamos de las partículas elementales que se formaban como arrugas en la no materia, luego los átomos y objetos que son combinaciones adaptativas energéticas estables, luego los seres microscópicos que son concreciones inestables capaces de adaptarse al medio en el que consiguen realizar sus funciones vitales, y ahora hablamos del reino vegetal como paso adaptativo cuatro, que es donde existe cooperación pluricelular compleja pero igualmente inestable, lo cual genera esas adaptaciones que, entre otras muchas características, se elongan verticalmente, y aumentan en grosor, con el fin de competir en mejores condiciones que su entorno y tener mejor posibilidad de cumplir su función vital.
El siguiente paso evolutivo, el quinto, nos encontramos con los animales, contemplando tanto la variedad que no hemos llegado a conocer como la que conocemos, tanto presente como pasada, pues es en ellos donde se da esta característica, así que insectos, arácnidos, reptiles, galápagos, anfibios, aves, herbívoros, carnívoros, etcétera, se presentan como el repertorio de la fauna animal terrestre. Estos son adaptaciones al medio que han sido capaces de perdurar en el ambiente en el que aparecen, porque pueden ser, estar y existir durante un tiempo, tras el cual fallecen, no sin antes intentar dejar su aportación a la evolución por medio de la reproducción, tantas veces como les fuera posible, pero no hay que pensar que éstos seres son los únicos que pudieron o podrían darse, pues tan sólo hay que echar un vistazo a la probabilidad para darse cuenta de que lo que se produce, es porque concurren los condicionantes y pueden continuar autónomamente, pero una vez se inicia, su pulsión les aliena a seguir.
Como es obvio, no cabe pensar ni plantearse que la naturaleza, o el UNIVERSO, o el INICIO, tuviera la voluntad directa de crearlo todo, tan sólo, no deja de ser lo que había en el INICIO, sólo que concretado en lo que hay, consiguiendo transmitir su función básica en todo, que, como vemos, se va desgranando en pasos evolutivos posibles según las condiciones reinantes en cada momento, pero, una vez desaparece algo, ya no vuelve a aparecer y menos aún, como era.
En el mundo animal, sus complejidades son muy concretas, pues sus adaptaciones les han preparado para sobrevivir en el medio en el que están, pero en todos, su estructura es mucho más compleja, y sus dependencias son mayores que en los casos de seres vivos anteriores, incluso, usan una capacidad de movimiento voluntario que hasta el momento no existía. Dicho movimiento es la última consecuencia de sus procesos intelectivos, pues disponen de varias zonas de su corporalidad que están coordinados mediante un sistema nervioso definido, especializado en el manejo de la información que es capaz de hacerle moverse, pues capta el mundo exterior desde sus terminaciones nerviosas, que son sensibles a los cambios que en ellas inciden, y transmitir esas variaciones como impulsos nerviosos hacia su interior para tomar decisiones de movimiento, que incluso puede ser sólo de la parte implicada y no de todo su ser, como sucedía con los seres bacterianos, e incluso las plantas que también son capaces de captar del ambiente pero célula a célula, de manera que el movimiento no es coordinado en un sistema nervioso.
Este sistema nervioso implica que éstos seres “animales” toman decisiones voluntarias dependiendo de las informaciones que manejan, que están sometidas a un centro de comportamiento cuya premisa es ser, estar y existir con cada decisión que tome.
Así mismo, tienen una cierta capacidad de aprendizaje intelectual a corto plazo, usando de lo que denominamos memoria, con la que aprenden del ambiente según les beneficie el contexto. Dicho contexto ya no es el suelo, sino que sus adaptaciones sensoriales le han llevado, incluso, a dominar el aire, en fin, son seres en los que se dan todas las capacidades en una concreción tremendamente compleja, dependen de demasiados factores para sobrevivir, y sus tendencias les sitúan en sus capacidades, eso sí, su sistema nervioso organiza sus funciones y les dirige en sus posibilidades.
Ahora son seres con una capacidad de inteligencia que no dependen sólo de ese mundo exterior, sino que llevan su proyecto vital localizado, y deambulan por ese universo en el que están en busca de ser, estar y existir con cada movimiento. Sopesan constantemente las informaciones procedentes del exterior de sus cuerpos, pero también del interior de ellos mismos, de manera que la complejidad estructural es comparativamente abismal con relación a los anteriores seres vivos.
Como vemos, toda su corporalidad está formada por células especializadas y todo está internamente coordinado para conseguir sus fines, lo cual supone un gasto energético muy elevado, así que ese movimiento voluntario del que está dotado, tiene que verse influenciado por sus captadores de energía, que son los sentidos físicos, pero también por sus sentidos internos, que le informan de sus necesidades como hambre, sed, reproducción, calor, etcétera.
Para los animales, la energía es todo lo que les rodea, y la convierten en representaciones mentales a través de la memoria y el pensamiento, todo ello, está estrechamente vigilado por ese proyecto vital que define sus premisas, de forma que cuantas informaciones adquieran por los sentidos serán filtradas, de una manera consciente, produciendo pensamientos, y éstos ordenarán a su organización corporal a actuar en consecuencia. El órgano que contiene todo este proceso es el sistema nervioso central coronado por el cerebro.
Captan por los sentidos externos e internos, lo cual les hace percibirse a sí mismos en esas circunstancias, y es enviada esta información al cerebro, éste compara esas señales con su banco de memoria para buscar algún tipo de movimiento ya almacenado, y después utiliza la lógica en relación a su pulsión, lo cual le hace tomar una decisión de movimiento, que también almacena. Según sea el resultado de éste movimiento, volverá a realizar todo éste proceso hasta alcanzar un estado satisfactorio según su pulsión. Todo este suceso le dejará hueya en su memoria, modificando su comportamiento en lo que llamamos experiencia.
Así pues, vemos que el animal actúa según sienta, y su finalidad es sentirse mejor, lo cual sólo puede conseguirse cuando una vez procesada inteligentemente la situación,  el resultado le arroje un aporte hacia su lógica vital. Ellos tienen que descifrar lo que sus sentidos, internos y externos, les transmiten para moverse, así que tienen la necesidad de este tipo de movimientos para ser ellos mismos. Su comportamiento, pese a ser inteligente, es automático, pues se produce en relación a lo percibido, y viven exclusivamente en ese mundo de necesidades.
Este mundo es el de los demás seres que se encuentra a su paso, todo cuanto les rodea les motiva a moverse, pues con ello cada uno ha de realizar su pulsión, así pues están tan relacionados que se necesitan unos a otros como si de un cuerpo unicelular se tratara, ya que en el conjunto de todos los seres, no sólo tienen comportamientos similares, sino que cada uno es reo de su ámbito, pero realmente en nada se diferencian en su pulsión, y cada uno de ellos tan sólo es una evolución procedente de lo anterior que dejará su aporte en su reproducción, como un fractal que es generado por sus repercusiones y siempre avanza.

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