Evolución consciente



Ya hemos dado dos pasos en el camino de comprender cómo es toda la naturaleza, por un lado ya tenemos un contexto en el que hay partículas elementales que siguen unas "leyes", y otro donde hay elementos químicos y sus combinaciones, que da lugar a las leyes físicas y químicas que ellos mismos crean con sus intercambios de energía, pero hay más.
En la observación de la naturaleza, no todo son objetos inanimados como átomos y partículas, sino que también nos encontramos con seres con vida propia, es decir, capaces de moverse por sí mismos para encontrar su sostén vital, ésto es así porque necesitan de determinados factores externos a sí mismos para subsistir.
Esta característica de movimiento voluntario, es un paso más en los otros dos, busca lo mismo, sólo que al tratarse de la tercera generación de “cosas” desde el inicio, es más complejo y reúne menos potencialidades.
Esa tendencia de las partículas de ser en sí mismas, pero también la de asociarse con otras y aún así encontrar el equilibrio, es decir, su pulsión, ahora alcanza el nivel de la necesidad de voluntariedad vital, pues necesita aportarse energía de forma "deliberada" periódicamente para subsistir.
Este es el caso claro de los seres unicelulares, desde los virus hasta cualquiera de ellos. Se dan unas condiciones muy particulares producidas por la combinación de los elementos que los conforman, pero funcionan según esas tres cadenas que contiene su pulsión vital. En estos casos, la pulsión se traduce en necesidad de aporte de energía del exterior para subsistir, es decir, tienden a no ser porque por sí mismos se agotan, se consumen, se conducen hacia su "muerte", pero algo interior a ellos le mueve a adquirirla, y así continuar siendo.
Ahora se da un concepto nuevo que habrá que definir: "la vida".
Sabemos que se da en toda aquella combinación de elementos en los que hay una dinámica para subsistir, debido a que sus energías son insuficientes para conseguirlo por sí mismas, lo cual le confiere una capacidad de movimientos en busca de ello. Así pues, podríamos definir primeramente a la vida, como aquella combinación de elementos, incapaz de mantenerse por sí mismos en su equilibrio, y requieren de aporte de energía externa para conseguirlo.
Esencialmente son seres estructurados, organizados y con finalidades concretas que perseguir. Son conglomerados de combinaciones de elementos, y han conseguido adquirir una configuración particular tal, que su pulsión innata les confiere una “capacidad” concreta, ésta es la de que de una manera imperartiva se ven necesitados de las repercusiones con el ambiente para poder ser, estar y existir, pues es así como adquieren nutrientes energéticos, se transmiten mediante la reproducción, y transcurren sus vidas en la repercusión crítica con el ambiente en el que están, es decir, viven.
Ésta es la forma en la que se concreta su pulsión, pues entre su propuesta vital y el resarcimiento de sus necesidades vitales, ha de producirse un equilibrio para su continuidad. Son seres dependientes del entorno donde llevan a cabo sus tres funciones básicas: relación, reproducción y alimentación, pero llevan implícita su terminación, que es temporalmente muy cercana a su inicio, y tras lo cual, pasarán a formar parte de el mismo ambiente del que se han valido.
Sucede en éstos seres vivos, que son conscientes de sus necesidades, y por ello, aunque no de forma directa, también de su temporalidad, pues en ella es donde hacen cuanto pueden en sus tres funciones, sin "miramientos”.
Estas tres repercusiones vitales de los seres vivos, no son completamente nuevas en el panorama que estamos dibujando, pues nos hablan de las tres formas posibles de relación con la energía en la naturaleza, a saber; repercutirse (relación), compartir (reproducción) y apropiarse de ella (alimentación), pues si nos fijamos, por ejemplo, un átomo es así, ya que es una continua relación entre sus elementos, que permanecen mientras no exista una influencia de repercusión que provoque un cambio, y se alimenta, o está alimentada, de sus energías que están en equilibrio y en ese estado permanecen casi indefinidamente.
Esto sólo es una concreción de una de las características fundamentales del inicio, la existencia de energía, que en el primer paso evolutivo de la materia la partícula lo es, porque involuntariamente la contiene, en el segundo paso, las partículas, por causalidad, se combinan y en cuanto a ello inevitablemente adquieren una resultante energética estable, pero en esta tercera parte sucede que tienen la necesidad de apropiarse de ella, cosa que ni el elemento ni el objeto en sí precisan para ser ellos mismos, pues en sus estados de equilibrio permanecen, pero esta falta de equilibrio existencial de este tercer paso evolutivo, es introducida en sus comportamientos como necesidad, que es transmitida de aquello que lo origina, y le dota de una dinámica concreta para llevar a cabo su pulsión, que a modo de conocimiento o consciencia implícita le es imprescindible para permanecer, y como si se tratara de eso que le falta para conseguir el equilibrio conseguido en los estados anteriores, tanto por permanecer siendo ellos mismos, como tras las repercusiones posibles, es que quedan dotados de una capacidad de aprendizaje, ésta queda contenida en un conjunto de elementos de su dinámica que dan lugar a lo que podemos llamar; pensamiento, instinto, ADN, cromosoma, neurona, etcétera, de lo que no pueden renunciar, pero que serán transmitidos de forma similar a como lo fue con él, generando consecuencias de sí mismo más estables en el entorno en el que tienen que desenvolverse.
Observamos que hay una norma que se está cumpliendo hasta ahora en la que merece la pena recapacitar.
Sucede que de la multiplicidad y multitud de seres, objetos y elementos básicos, resultados de combinaciones, variaciones, mezclas, disoluciones, etcétera, se dan concretas voluntariedades, que, a modo de comprensión humana, podemos asemejar al factor común, y ésto hace pensar que aunque hay variaciones, cada uno de ellos es una normalidad en sí misma, sólo que caracterizada particularmente, pues en él la materia y la energía, encuentran determinadas dificultades que le separan de la normalidad homogénea y se da esa particularidad.
Imaginemos una superficie de agua lisa, mientras nada la repercuta, aquello es sólo una superficie plana, pero, cuando aparece en ello la particularidad, entonces se arruga, burbujea, salpica, se evapora, etcétera, y confiere una concreción material a ese cambio.
Ésto nos puede trasladar a esa similitud con el inicio, pues tras él, aparece materia y no materia, sólo que la materia serían esas particularidades en la inmensa no materia que al arrugarse, burbujear, evaporarse, etcétera… dota a la energía de materia.
Ahora bien, esas voluntariedades, vemos que engloban concreciones de “cosas”  semejantes pero con ciertas diferencias que están dentro de su voluntariedad. Así, no todos los elementos fundamentales son iguales, pero hay una función básica que cumplen todos ellos. Lo mismo ocurre con cualquier otra “cosa”; objetos, plantas, animales, personas… todo ello son en sí mismas una función que engloba sus diferencias.
En realidad, ésto también nos habla de esos pasos evolutivos y de cómo se va complicando la evolución, incluso nos informa de que cuanto más se avanza en la evolución, más mezcla va a tener, y más complicada va a ser su equilibrio y por extensión, qué complicaciones va a tener su vida. Pero, cada uno es esa función que se repite y que es común a su semejante, como si de un fractal se tratara, que conforme se avanza, va reproduciéndose hasta el infinito.
Es interesante recapacitar en la cuestión de que si, por ejemplo, nos fijamos en un ser humano cualquiera, éste está dotado desde innumerables unidades de lo más pequeño necesitado de energía, hasta la unidad de sí mismo, pero, para permanecer ha de cumplir con determinadas dinámicas energéticas, éstas las adquiere del ambiente que deben ser introducidas en su cuerpo para que éste lo desintegre en porciones minúsculas que serán capaces de energizar hasta lo más mínimo de sí mismo, pues en el fondo somos los átomos de los que nos alimentamos, sólo que en nuestra configuración humana, lo llamamos comida, bebida, descanso, sexo, relación social, etc.
Como ya estamos en el tercer paso evolutivo natural, aumenta la complejidad y las potencialidades se concretan mucho, así, cada ser reunirá las mismas características que los pasos anteriores pero en la concreción de sus necesidades. Este tercer paso, nos dice que hay determinadas combinaciones de elementos que son altamente inestables, como ellos mismos, y que por pulsión son capaces de captar la energía circundante, para poder apropiarse de toda o una parte de ella, así que son capaces de captarla para aprovecharlas para sí mismos.
El ambiente en el que se desenvuelven estos seres es el de los objetos, y entre ser vivo y ser vivo siempre hay no materia, pues mires por donde mires la encuentras, y en general, en similitud con el inicio, ésta actúa como si fueran la pérdida o no materia que antes existían entre elementos o en el interior de los átomos, pues sin esta no materia circundante, no existirían estos seres vivos.
Los seres vivos, en sus procesos vitales son capaces de no aprovechar la materia que les rodea, e incluso devolverla transformada como otro objeto y depositarlo en la materialidad circundante como excremento, secreción, etcétera de sus procesos vitales. A su vez, ésto puede ser útil energéticamente para el entorno.
En esta ocasión, a esas materias se las puede asemejar a “residuos de energías” cuya combinación no da lugar a seres vivos, pero en ello se sostiene la vida y es allí donde se favorece su transmisión.
Los movimientos de los seres vivos, se asemeja a los de los pasos evolutivos anteriores pues hay una captación de las alteraciones en sus campos energéticos, lo cual les atraerán o apartará de aquello que necesitan según su función “fractal”, sería algo parecido a lo que ocurre entre un imán y un hierro, o entre dos imanes.
Hasta ahora, cada elemento o integrante en los dos pasos anteriores, se bastan a sí mismos para subsistir, pero en este tercer paso, las combinaciones entre elementos tienden siempre a no ser, porque si hiciera lo mismo que en los pasos anteriores, el ser vivo está abocado a su desaparición, y está dotado de una capacidad energética de sensibilidad.
Sabemos que en la naturaleza sólo se puede permanecer de dos maneras, bien por capacidad estable energética propia (elementos básicos, objetos), o bien apropiándose (alimentación activa) de otras capacidades con cuya aportación se consigue mantener estable el binomio de la pulsión en uno.
Ésto último es otra concreción de este tercer paso, pero no es del todo nuevo, digamos que se va concretando todo en cada ser, precisamente por las características del inicio en él.
Observamos pues que la potencialidad disminuye realmente en relación con las necesidades vitales, pero, esta potencialidad hay que entenderla desde el primer inicio, no desde lo generado, ya que lo generado adquiere determinadas potencialidades que lo capacitan en su ambiente, precisamente por las características de su inicio, y sólo pueden ser comparadas en su entorno, así que se puede considerar como un inicio cada eslabón de esta cadena. Estas nuevas características, serán las transmitidas a lo que llegue a generar, y en ello será aún más concreto y con menos potencialidad en relación al primer inicio.
En estos seres se da una circunstancia nueva que es la adaptación al medio, de manera que ese proyecto vital pueda superar determinados contratiempos normales de su entorno.
De la acumulación de comportamientos generación tras generación, también se produce la del comportamiento presente en cada uno, lo cual llega a formar parte de su actuar normal, como si de su conocimiento intrínseco se tratara.
Esto lo consigue corrigiendo, mediante repercusiones positivas, sus carencias, lo cual introduce pequeñas variaciones circunstanciales en sí mismos, y por medio de algún tipo de mecanismo o automatismo natural, será capaz de dejarlo impreso en el comportamiento de lo venidero, a modo de memoria física mediante su genética o por comportamiento instintivo, y de ello partirá lo que se genere para poder vivir, en esencia su comportamiento será tal como aquello que lo generó, más esas muy pequeñas variaciones adaptativas que lo convierten en algo mejor dotado, o adaptado.
Digamos que estamos dibujando siempre con el mismo trazo, sólo que cada repercusión trae consigo el elemento de variación que se añade al movimiento y ello genera cada paso evolutivo y sus pautas inevitables, pero el trazo avanza porque con cada nuevo avance se añade aquello que lo hace permanecer, y en ello se desborda en variedad. Es como si tropezamos, pero, de ese tropiezo, se generan cosas nuevas estables.
Ésta fractalidad del inicio es la que dirige toda su pulsión y actúa como inteligencia, bien implícita o explícita según el punto evolutivo en el que nos fijemos pues, cada paso evolutivo, es una consecuencia del anterior más una repercusión cuando se consigue un punto de estabilidad que le permite permanecer.

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